
¿Es importante el "Que dirán"?
"¿Que importa lo que diga la gente?" (Rigolleta en "Los misterios de París" de Eugène Sue)
El personaje principal de la última de Tarantino, el oberstkampfhürer Landa, con un ladino y pérfido discursito casi "a la Columbo" va arrinconando a sus perseguidos. Entre pregunta y comentario (y, hay que decirlo, entre las risas del público) discurre sobre un tema que de repetitivo, podríamos considerarlo una obsesión: Los "rumores", lo que "dice la gente", porque a tal le pusieron cual apodo y si eso refleja la realidad. Dice estar interesado en los rumores porque llevan a la verdad, pero uno le queda la impresión que, realmente, le preocupa que dice la gente sobre el (y sobre otros)
Esa preocupación, aparentemente secundaria, vuelve a aflorar en otros pasajes de la película, en especial, cuando se aproxima el momento culminante, allí Landa afirma que no manejamos lo que dicen sobre nosotros, no podemos controlar eso.
Digamos que hay directores que se preocupan por "lo que dice la gente", algunos hasta el punto que consiguen que los tachen de "demagogos". Campanella es un tipo que parece preocuparse mucho de lo que dice el público y apela reiterada (y eficazmente) a su sentido común. Hay otros a los que no les importa nada, el caso paradigmático es el de David Lynch, hace lo que se le canta y no le importa en lo más mínimo si alguien entiende algo. Algunos consideran eso el summum del arte, otros... no.
Tarantino es más difícil de clasificar en alguno de esos dos polos. Para muchos, está demasiado preocupado en hacer gestos "pour la Gallerie", concesiones, guiños, etc.. Por otro lado, siempre me pareció un director al que no le importaba el "que dirán" Ojo, no hablo de desprecio al público, es evidente que busca, al menos, su complicidad, pero un tipo al que no le importaba innovar más allá de lo que opinaran los demás.
Arte después de Auschwitz:
"Escribir poesía después de Auschwitz es algo bárbaro" (Theodor Adorno)
Porque, convengamos, Tarantino no se mete con un tema fácil. Y no importa que todos sus defensores clamen que se trata de ficción, que no es una película histórica, que acá la historia no cuenta para nada. Aún cuando todo ello sea cierto no solo se mete con la guerra, se mete con el nazismo. (para dar un contraejemplo de lo que quiero decir: J.J. "el oso" Annaud no se mete con los nazis, se mete con la guerra, a lo sumo con el stanilismo en "Enemy at gates" pero no con el nazismo, de hecho, el alemán de la película -el siempre eficaz Ed Harris- es subrayadamente no nazi)
Y no es un tema fácil básicamente por dos razones: La primera (la menos obvia) porque ya se hicieron montones de películas sobre la guerra y el nazismo, tanto es así que son pocas (Zwartboek, Amén) las que logran escapar al "Ufa, ¿otra más sobre los nazis?"
La segunda razón es que es un tema (pese al tiempo y la cantidad de rollos de película transcurridos) nada fácil. Y, todavía, puede provocar urticarias comprensibles, en especial si uno se mete a subvertir todo y mofarse a carrillos llenos como suele hacer Tarantino. Y de poco sirve que si nos gusta la peli clamemos que el cine no tiene nada que ver con lo que pasa afuera, o que no s epuede juzgar a la película teniendo en cuenta elementos externos. Vamos! Cuando Tarantino nos muestra al "héroe de guerra" alemán (Brhül, el de "goodbye Lenin") en la mirada (literalmente) que de el tiene en los ojos de Shossanna (una impecable Laurent), nosotros sentimos toda la carga condenatoria, no porque shosanna odie a los alemanes porque mataron a su familia, sino que Tarantino recurre al imaginario ya formado de antes por la historia y al política que se encuentran "fuera" de la pantalla. El primer pasaje de heroe a villano (hay un segundo del que hablaremos mas adelante) se da porque el público y Tarantino comparten supuestos que no hace falta explicitar y que preexisten a la película. Así, Tarantino podría sumar marcianos a la segunda guerra mundial y esta seguiría siendo la segunda guerra mundial (un conflicto bélico intraterraqueo, aunque le sumemos a los Klingon)
Había una vez:
"lo que se hizo, eso mismo se hará: ¡no hay nada nuevo bajo el sol!" (Eclesiastés 1:9)
Y, sin embargo, Mr. Quentin sortea estos peligros no sin polémicas pero con vida. El comienzo deja claro que no se trata de una pelicula de guerra convencional. De hecho podríamos decir que ni siquiera se trata de una película de guerra. Desde los títulos y la música (y la apacibilidad de la campiña francesa, apenas interrumpida por un jeep militar alemán) estamos más ante un spaghetti western que otra cosa. Inclusive, el duelo verbal del comienzo debe mucho a maestros del spaghetti ocmo el gran Sergio Leone, uno de los ídolos del director. El spaghetti vuelve a aparecer en otros momentos del film como el crucial duelo entre los personajes de Christoper Waltz, Brad Pitt y y el movimiento de cámara que por mucho tiempo estará identificado con "El bueno, el malo y el feo" También hay referencia a otras películas de guerra como, obviamente, los doce del pátíbulo o el tren maldito. El comienzo del capítulo de los bastardos hace pensar en eso. Pero Tarantino se escapa nuevamente del molde ya que no vemos conformación del grupo, con la selección de todos y cada uno de los integrantes (modelo que Holywood plagia sistemáticamente desde los tiempos de "Los siete magníficos" -el plagio original a Kurosawa-, como el buitre le comía las entrañas a Prometeo)
También en el comienzo tenemos un excelente uso de un recurso habitual de Holywood (un verso cualquiera para pasar la película de cualquier idioma -en este caso el francés- al inglés) transformado en un recurso específico de la película (el Oberst Landa "tenía" que pasar del francés al inglés)
Así, Tarantino juega permanentemente con nosotros. ¿Quienes son los protagonistas? ¿Los "bastardos"? Porque estos solo ocupan parte del film... O Shossanna? (que busca vengarse de lo que hicieron con su familia) ¿O acaso el propio villano? (uno de los villanos más aceptados por el público que recuerde) Porque el personaje del inspirado C. Waltz se luce por decisión propia, pero, principalmente, por decisión del guión y del propio Tarantino.
Y podríamos seguir sumando preguntas porque: ¿Son los "bastardos" los integrantes del grupo comando sádico o son la Judía y el Negro que tienen sus propios planes contra los nazis?
Tarantino juega con los géneros y "cita" todo el tiempo viejas películas, pero también nuevas. Es llamativo que ninguna de las críticas que circulan hiciera notar el un tanto evidente parecido familiar entre esta heroína tarantinezca y la hermosa Carice Van Huten de "Libro Negro" de Verhoven. Lo mismo que el recurso de utiliza otros actores de anteriores "películas de nazis" (cosa que, dicho sea d e paso, ya hizo Brian Singer en su versión del atentado contra Hitler de 1944) Otro tanto con el uso que Tarantino hace de la palabra en al película. Varios llegaron a afirmar que nadie uso la palabra como Tarantino lo hizo ahora. Pero, ¿como se entiende esta afirmación después de toda la Novelle Vague o el cine noir francés? Otra vez estamos ante el uso (creativo, sin dudas) de algo que, como dice el Eclesiastés "ha sido hecho ya antes"
Aunque no lo veamos el sol siempre está:"La lucha de clases es una lucha por las cosas ásperas y materiales sin las cuales las finas y espirituales no existirían" (Walter Benjamin)
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Y "el afuera" también. Porque no todo en "inglorious Basterds" son citas y más citas hasta el día del juicio final. En la escena de la taberna, más allá de la evidente comparación de un oficial de la Gestapo con un gorila, Tarantino tira unos dardos contra el esclavismo norteamericano (dardos a là tarantino, claro) Pero, curiosamente, en una película donde hay tanto diálogo no es esa la escena más jugada ni mucho menos hay otros dos momentos.
Cuando uno ve las imágenes de la película nazi no puede dejar de preguntarse: ¿es una burla al cine de la Riefensthal? ¿Es una burla del viejo cine de guerra soviético? o es, en realidad, una burla del propio cine bélico norteamericano? Porque la sucesión de muertes hasta superar inclusive las trescientas que suponía el relato, le hace a uno acordar más al "Vengador anónimo", "Duro de matar" o la misma "300" más que a... La muerte banalizada, la hazaña convertida (puesta en evidencia como) matanza, carnicería, la guerra expuesta en toda su estupidez (probablemente con más eficacia, en su absurdo que películas como la alemana "Stalingrado") escarnecida y "mostrada" como en el viejo cine soviético ( a propósito hoy jueves dan "arcoiris" en el San Martin, en el ciclo de cine soviético que dura hasta el lunes)
Y es que, llegando al final, la malhadada y nunca bien ponderada realidad vuelve a colarse entre tanta referencia cinefila. Entre tanto What if... y tanta imaginación al servicio de recrear una realidad alterna se cuela la vieja y empirista realidad decimonónica. Porque el giro (que no podemos contar a riesgo de revelar algo d e la trama) que toma la pelicula sobre el final, es menos delirante de lo que parece (y muy parecido a lo que ocurrió realmente, ver sino "Amén" de Costa Gavras o Zwarteboek de Verhooven) En ese momento es como si Tarantino abandonara sus referencias y autoreferencias, su meta texto, para texto el meta del meta y así. Mediante palabras certeras nos introduce d e nuevo en el "mundo real" del que nos viene sacando a lo largo de toda su carrera cinematográfica. Sin embargo, allí, justo allí, Tarantino, el hombre al que no le importa nada con tal de innovar, se detiene, como si no pudiera ofrecernos la cruda verdad, aunque sea en lenguaje tarantiniano y tiene también que brindarnos un endulzante, una rectificación de esa misma crudeza, una justiciera compensación. Después de todo, tal vez "lo que diga la gente" le pesa (como a su alter ego Landa) mas de lo que pensábamos.
Sountrack del post:
Ennio Morricone - Un amico
Ennio Morricone - The surrender
David Bowie - Cat people